¡Con sacarina, por favor!

¿Qué tendrá el año nuevo? Es la época de prometernos cosas: llamar a esa persona que hace tanto que no ves, pasar del “jelou, guas yur neim?” de una vez por todas, dejar de fumar, pintar la cocina y un largo etcétera. Sin embargo, ninguno de estos propósitos (aunque yo los llamaría despropósitos) superará nunca al “¡En cuanto pasen las navidades me pongo a dieta!” Gimnasios, tiendas de deporte, nutricionistas o endocrinos hacen su particular “agosto” en estas fechas; y es que, aunque sólo sea pensarlo, ¿quién no lo ha hecho alguna vez? Pues bien, sin duda uno de nuestros grandes aliados en este asunto son los archiconocidos edulcorantes artificiales. Como sucede con casi todas las cosas, hay personas y gustos de todo tipo, desde aquellas que los convierten en una especie de filosofía de vida hasta las que calman su conciencia con un café con sacarina para acompañar un buen croissant de chocolate. Parece que sabemos lo suficiente acerca de estas sustancias, pero hay bastantes opiniones encontradas y pueden surgirnos dudas sobre ellas y su uso. ¿Alguna vez han escuchado decir a alguien que no tomen sacarina porque es “mala”? Estoy casi segura de que sí, por eso en este artículo trataré de aclarar algunos mitos y verdades sobre los edulcorantes. Empecemos.

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