¡Con sacarina, por favor!

¿Qué tendrá el año nuevo? Es la época de prometernos cosas: llamar a esa persona que hace tanto que no ves, pasar del “jelou, guas yur neim?” de una vez por todas, dejar de fumar, pintar la cocina y un largo etcétera. Sin embargo, ninguno de estos propósitos (aunque yo los llamaría despropósitos) superará nunca al “¡En cuanto pasen las navidades me pongo a dieta!” Gimnasios, tiendas de deporte, nutricionistas o endocrinos hacen su particular “agosto” en estas fechas; y es que, aunque sólo sea pensarlo, ¿quién no lo ha hecho alguna vez? Pues bien, sin duda uno de nuestros grandes aliados en este asunto son los archiconocidos edulcorantes artificiales. Como sucede con casi todas las cosas, hay personas y gustos de todo tipo, desde aquellas que los convierten en una especie de filosofía de vida hasta las que calman su conciencia con un café con sacarina para acompañar un buen croissant de chocolate. Parece que sabemos lo suficiente acerca de estas sustancias, pero hay bastantes opiniones encontradas y pueden surgirnos dudas sobre ellas y su uso. ¿Alguna vez han escuchado decir a alguien que no tomen sacarina porque es “mala”? Estoy casi segura de que sí, por eso en este artículo trataré de aclarar algunos mitos y verdades sobre los edulcorantes. Empecemos.


¿Qué son los edulcorantes artificiales?

A grandes rasgos, tal y como indica la NLM-NIH (National Library of Medicine-National Institutes of Health) de los Estados Unidos, se trata de aditivos alimentarios que incrementan el efecto del azúcar a nivel gustativo sin aportarnos esas dichosas calorías. Todos los edulcorantes artificiales son procesados químicamente e introducidos durante la preparación de los famosos alimentos y bebidas light o diabéticos, o bien son añadidos por cada consumidor a nivel individual.

Algunos de los más empleados son:

descargasacarinaSacarina. La reina de casi todos los hogares. La po
demos encontrar en pastas de dientes y numerosos alimentos y bebidas. Se obtiene a partir de derivados del tolueno y posee un poder endulzante entre 300  y 500 veces superior al azúcar de mesa (sacarosa).

Aspartamo. Ampliamente distribuido, es unas 200 veces más dulce que el azúcar. Y algo que a sus consumidores les
gustará 200px-Aspartameguaysaber: es completamente degradado por nuestro organismo a sus constituyentes, los aminoácidos ácido aspártico y fenilalanina y una pequeña cantidad de etanol.

Sucralosa. Bastante menos conocida pero muy curiosa, ya que se obtiene a partir de la sacarosa mediante una reacción de halogenación (cambiando tres grupos OH por tres átomos de cloro). AparentemSucralose2guayente insignificante, ¿verdad? Pues esto permite aumentar su poder endulzan
te en 600 veces y, por supuesto, sin aporte de energía. A pesar de su poca fama es comúnmente utilizada en alimentación (gelatinas, postres lácteos) o en los chicles.

Stevia. El último en llegar al grupo. Ha ganado muchos seguidores por ser “natural”, como probablemente hayamos escuchado. Efectivamente, proviene de la planta sudamericana Stevia rebaudiana, de la cual el rebaudiósido Steviol_structureguayA (un glucósido) aporta el dulzor. Podemos excluir este edulcorante de la lista de controvertidos, ya que permanece al margen de las disputas por haberse demostrado universalmente que no causa daño de ningún tipo. Solamente por esto es por lo que debemos confiar en ella, no por su origen, al fin y al cabo la cicuta (enormemente venenosa) también es una planta, ¿no?

 A continuación trataré de orientar acerca de otras dos grandes preguntas.

¿Son cancerígenos?

No, no lo son. Esta pregunta surgió hace unos 40 años cuando estudios en ratas de laboratorio vincularon la sacarina con la formación de cáncer de vejigaSin embargo, estudios sobre los posibles efectos cancerígenos de estas sustancias no dieron tal evidencia en humanos.

En el Instituto Nacional del Cáncer pueden encontrar una información más detallada sobre cada uno en particular.

¿Realmente engordan a largo plazo?

Esta es una de las grandes preocupaciones, universalizada a raíz de una publicación de octubre de 2014  en la revista Nature en la que un equipo de investigadores israelí relacionaba el consumo de edulcorantes con un mayor riesgo de desarrollar alteraciones metabólicas, como intolerancia a la glucosa, obesidad  o diabetes.

Los experimentos se llevaron a cabo principalmente en una selección de ratones. En primer lugar se les dio la cantidad máxima permitida por las autoridades sanitarias estadounidenses (FDA) de sacarina, sucralosa y aspartamo disueltos en agua; obtuvieron que estos animales presentaban un mayor nivel de glucosa, por lo que concluyeron que estas sustancias inducían intolerancia. Para explicar este fenómeno investigaron la implicación de la microbiota intestinal aportando antibióticos que eliminaran esta flora, con lo que se demostró que también desaparecían estos efectos. Por último, implantaron bacterias intestinales de ratones que habían consumido sacarina -mediante un trasplante de heces- a aquellos que no habían probado nunca los edulcorantes artificiales, y observaron los mismos efectos. Para los investigadores, esta fue la prueba de que el consumo de edulcorantes provoca cambios en la flora intestinal que, a su vez, derivan en alteraciones metabólicas vinculadas a la diabetes.

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Sin embargo, habría que matizar el carácter de estos resultados. En primer lugar, y tal y como afirman los propios investigadores, se trata de un estudio muy primitivo en humanos. La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición y otros numerosos especialistas sostienen, igualmente, que la mayoría de pruebas se han realizado en ratones y que no se pueden trasladar directamente a nosotros; además, se trata de unas cantidades exageradas que ninguna persona consumiría en un día, y por lo tanto, no basta para anular los muchos estudios que avalan sus beneficios y seguridad.

Como bien advertía al comienzo, se trata de un asunto en el que casi nadie se pone de acuerdo. La virtud, como suele ocurrir, puede estar en el término medio. Sin duda hay que considerar este “lado oscuro”, que abre otra puerta a la Ciencia para seguir con las investigaciones todo lo que nos dejen. De momento parece que tomar un refresco light no debe alarmarnos, siempre que no lo acompañemos de una hamburguesa con patatas fritas, claro. Lo dejo a su elección, tan solo sean críticos y decidan ustedes mismos.

María Sánchez Jiménez

Fuentes y enlaces de interés (además de los que aparecen en el texto):

https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/007492.htm

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3198517/

http://www.abc.es/sociedad/20140917/abci-edulcorantes-generan-obesidad201409171702.html

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/09/17/actualidad/1410970603_680080.html

www.elmundo.es/salud/2014/09/17/5419b00ce2704efc4e8b4582.html

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2 comentarios en “¡Con sacarina, por favor!

  1. La labor de desmontar falsos mitos siempre es importante en la divulgación científica, y este artículo la cumple con creces. Enhorabuena.

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  2. Pingback: La cantera de la divulgación científica (V) | SCIENTIA

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